THE LAST AIRBENDER, de M. Night Shyamalan. Resumen torpe y vacío de una serie memorable

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Sé que en este blog hablamos de cine, pero antes de empezar a diseccionar con crueldad y ensañamiento la película del antaño adorado director de ‘El Sexto Sentido’ y hoy odiado por films como ‘After Earth’, conviene hablar un instante de la serie de animación ‘Avatar: La Leyenda de Aang’ (en versión original el subtítulo es ‘The Last Airbender’, de ahí que la película se llame así). Una producción de Nickelodeon emitida entre 2005 y 2008 con un gran fandom a su alrededor y que yo no he disfrutado hasta hace unas semanas. Esta maravillosa serie, de tres temporadas concebidas como tres partes de una trilogía al estilo ‘Star Wars’, se ha convertido, de hecho, en una de mis historias de fantasía épica favoritas.

Con personajes memorables y carismáticos (atención a ese príncipe Zuko) que evolucionan con una naturalidad y coherencia dignas de elogio y que son fusiones frescas e imprevisibles de arquetipos habituales en este tipo de historias, unas relaciones entre ellos magistrales (no me cansaré de alabar la forma de manejar algo tan difícil como el romance entre los pre-adolescentes Aang y Katara), momentos humorísticos tan potentes y certeros como los dramáticos, un sentido de la épica desbordante, unas escenas de acción ejemplares y una mitología sólida y rica, creo que podéis entender que esté tan entusiasmado con la serie. Dicho esto, vamos con la mediocre cinta que adapta la primera temporada. me voy a explayar, aviso.

Que conste que adaptar la serie a la gran pantalla no me parece mala idea. Si se hace bien, tomando como referencia ‘El Señor de los Anillos’ en cuanto a la estructura, la serie da para una trilogía épica fascinante. Pero el fracasado intento que tenemos ante nosotros no aprovecha el material original y se queda en una cinta juvenil más, de esas que pasan sin pena ni gloria por la cartelera. Si ha sido más recordada es por basarse en una serie tan querida y con tanto potencial y por estar escrita y dirigida por un cineasta en su día aclamado. Malas interpretaciones, dirección aburrida y falta de imaginación, y un guión en ocasiones lamentable, dan forma a algo que podría haber sido enorme.

No negaré que comprimir una temporada de 20 capítulos de 24 minutos cada uno en una sola película es algo muy complicado, más si es la primera temporada, la que tiene una cantidad mayor de episodios autoconclusivos cuya relevancia no se descubre hasta las dos temporadas siguientes. Por eso el planteamiento idóneo es rodar tres películas simultáneamente, y dejar que cada una dure tres horas. Qué demonios, muchos blockbusters actuales ya rondan las dos horas y media. ¿Por qué limitar a 1 hora y 40 JUSTO a esta, donde se deben contar tantas cosas y cada minuto seria necesario? Preguntadle a Shyamalan, sus films rondan siempre esa duración, y se ve que no hace excepciones.

Y es que, más que cambios puntuales con respecto a la serie, absurdos, y que mencionaré más adelante, lo que me molesta es que debido a la duración la historia quede tan apresurada, con transiciones bruscas, sin sensación alguna del paso del tiempo, y con forzados diálogos expositivos para dar la mayor información posible. Hay un ejemplo irrisorio de esto, y es cuando Katara nos cuenta, a través de la socorrida voz en off, que Aang les contó a ella y a su hermano Sokka cierta parte de su vida. Un personaje nos informa de lo que otro personaje ha dicho. Esto… ¿Por qué no mostrarnos al propio Aang contándolo? Porque Shyamalan, salvo en momentos puntuales, prefiere contarnos lo que pasa en lugar de dejarnos verlo. Así, mucho de lo que sale de la boca de los personajes es “esto es A, sirve para B, debemos usarlo para C, mientras hacemos D para resolver E”. Por ello, los personajes no se abren ante nosotros, no sentimos que les conocemos ni que se conozcan entre ellos.
Llega el primer punto clave de la peli y no sé porqué debería importarme Aang. La aventura echa a rodar y aun no sé cual es el objetivo del trío protagonista, Shyamalan no me lo dice hasta un punto aleatorio en la película, con el metraje ya avanzado. ¿Como? Pues a través de diálogo expositivo totalmente antinatural, claro. Apuntaré que en la serie esto queda definido en el segundo capítulo. Ejem.

Film_-_Katara_and_Sokka

Volvamos con los personajes. Katara no le pregunta su nombre a Aang hasta un momento ridículamente tardío (y sin embargo en la voz en off usada justo antes ya se refiere a él por su nombre… Entendemos que es porque se trata de una narración en pasado, pero despista y evidencia la torpeza del guion), y juraría que Aang, en toda la peli, no tiene ni puta idea de quiénes son Katara y Sokka. El perfil y las relaciones de los personajes eran lo mejor de la serie, y aquí es lo más flojo. Imperdonable. Resulta terrible no sentir nada cuando Aang y Katara se abrazan al final de la cinta. No son amigos ni compañeros, no han estrechado lazos (menos mal que no han hecho más películas, no me quiero ni imaginar lo ridículo que quedaría su enamoramiento, vistas las bases que se construyen aquí). No se conocen, ni nosotros a ellos. ¿Qué llama la atención de esta Katara? No es maternal, luchadora, decidida ni comprensiva, ni vemos como se vuelve cada vez más poderosa. No es nadie, y no tiene ninguna relevancia en la película. En serio, un cero a la izquierda. Y lo mismo podemos decir de Sokka. No es divertido, sensato, inventivo ni con madera de líder. Una vez más, no es nadie.

Al menos de Aang se respeta su progresiva aceptación de la responsabilidad que supone ser el Avatar, pero lo que en la serie nos emocionaba, aquí aburre, porque le dan demasiadas vueltas. Se supone que cuando Aang acepta su28496018_ identidad al final es un momentazo, pero eso es algo que Aang afrontó en los dos o tres primeros capítulos. Lo interesante era ver como lidiaba con esa responsabilidad de la que en su día huyó y que ahora acepta con decisión. Aang era así valiente y con una moralidad muy definida. Sin por ello dejar de ser un crío divertido, avispado, optimista y que no sabía como lidiar con la situación la mitad de las veces. Pero siempre lo intentaba. Un héroe humano y creíble a pesar de su situación, que maduraba de forma sutil pero constante, capítulo a capítulo, aceptaba la enorme presión sobre sus hombros y superaba sus fracasos (¿Por que nos gusta tanto que el héroe solo triunfe después de haber fallado varias veces?). Aquí no quita la cara de amargado en toda la peli y su personalidad se limita a “en su día no afronté mi responsabilidad y ahora no sé si hacerlo o no. Me siento culpable. Estoy triste”. Le ayuda a decidirse (sin decirle nada realmente) un espíritu de un dragón que Shyamalan se saca de la manga y que, se supone, sustituye a la anterior reencarnación del Avatar, Roku. Porque el hombre no tiene muy claro qué es el estado Avatar o el mundo de los espíritus y hace lo que le sale de los cojones.

No es lo único que cambia por una falta de comprensión alarmante de este universo. Un Avatar no puede tener familia. Absurdo, erróneo y no aporta nada. Maestros de la Tierra encerrados en un sitio LLENO de tierra. Sin comentarios. Los Maestros del Fuego no pueden crear fuego. ¿Que pasa Shyamalan, quieres hacerlo más “realista”? Vale, pero de pronto no resultan ni la mitad de amenazadores. Nos muestran al Señor del Fuego Ozai (el Sauron de esta historia) a la primera de cambio, sin levantar expectación, cuando en la serie nos lo presentaban siempre entre sombras, imponente, hasta la tercera y última temporada, cuando por fin le vimos la cara.

El cometa de Sozin, punto de vital importancia en la trama general, es mencionado solo al final, se le da mucho más margen a su llegada y no se muestra que Aang y sus amigos lo sepan y aumente la presión sobre sus hombros, cosa importantísima. Se nombra a la Avatar Kyoshi, pero no a las guerreras nombradas en su honor. Suki, quién acaba siendo el gran amor de Sokka, ni aparece. ¿Para que mencionar a dicha Avatar, entonces? Ojo a la escena:

– Esta eras tú hace dos vidas. A Kyoshi le encantaban los juegos.
– Y a mí.

Y ya está. Muy útil.

Recapitulando: Todo es un cúmulo de referencias mezcladas y mal entendidas, cambios sin sentido, personajes sin personalidad alguna, lazos entre ellos inexistentes, diálogos expositivos y una voz en off que resume lo que pasa a toda leche (“mi hermano y la princesa se hicieron amigos en seguida”. NO ME JODAS).
Puedo decir más. Porque a la torpeza del guion (que a parte de lo comentado deja un puñado de frases redundantes, contradictorias, o que anticipan de forma innecesaria lo que un personaje está a punto de decir… Hay un ejemplo literal de esto, en serio) hay que sumarle la dirección, con decisiones ridículas al componer el plano, sin el más mínimo sentido de la maravilla y, en definitiva, aburrida. Hay escenas de calado emocional para los personajes rodadas desde lejos, frías y sin tensión alguna. Y simple exposición del argumento rodado con primeros planos. Parece hecha al revés de como se debe hacer una película.

En cuanto a la acción… Desaprovechada. No es que Shyamalan la ruede mal, pero no se muestra ni un 5% de lo que pueden hacer los Maestros de los elementos. Además, las maniobras para mover un poco de agua o una simple piedra son ETERNAS ralentizando la escena y quitandole toda la diversión y dinamismo. Teniendo en cuenta que la serie ofrece decenas de escenas de acción impresionantes listas para ser trasladadas plano por plano, no me explico esta desgana y falta de imaginación por parte del director.

Pero no es que el film sea un completo desastre que insulte nuestra inteligencia. Hay momentos que sí consiguen ser emocionantes. El sacrificio de la princesa Yue tiene, de hecho, más fuerza que en la serie (por como está planteada, no por el impacto emocional, mucho menor, por supuesto, que en la versión animada), y el instante en el que Aang recuerda el momento en el que huyó para, a continuación, dejarse llevar al controlar el agua y vencer así al enemigo es realmente destacable. Aunque es justo decir que la banda sonora, bastante notable, es en gran parte responsable de que estas escenas funcionen. Además, conviene señalar que, al menos, la cinta sigue de forma más o menos bien el hilo conductor de la primera temporada. Pero también podemos decir esto de un resumen de la Wikipedia.

VIPPatelPor otro lado, Zuko, Iroh y Zhao son personajes más o menos bien definidos, siendo los dos últimos los únicos que no nos explican como son, si no que nos dejan verlo. Eso sí, el casting no puede ser más desacertado, especialmente en el caso de Dev Patel, que no llena ni por asomo al complejo y atormentado Zuko. En cualquier caso, los tres actores están pasables, que es más de lo que se puede decir del resto.
Verdaderamente lamentables, fallando en cosas tan básicas como medir bien los tiempos de respirar y hablar para no quedarse sin aliento en mitad de una frase y provocar así una pausa sin sentido.
El bochornoso doblaje tampoco ayuda, aunque casi parece que han querido ajustarse intencionadamente a la falta de talento de los actores. O eso, o las distribuidoras en España no han tenido el más mínimo interés en el film. Dado el ridículo título con el que nos llegó (razón por la que he usado el original), parece la opción más probable. No les culpo.

Poco más puedo añadir. Lo cierto es que la película no me ha resultado ofensiva, como ‘Batman Forever’ y su secuela, por ejemplo, solo mediocre hasta límites insospechados. Falla en casi todo, vaya. Si os parece, hagamos como que no existe y quedémonos con la espléndida serie. Los verdaderos Aang, Zuko, Katara y Sokka son dibujos animados. Y no hace falta que sean más.

International-The-Last-Airbender-Movie-Poster

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