PRISIONEROS, sombras tenebrosas.

No resulta sencillo encumbrar un thriller teniendo en cuenta los antecedentes de los que bebe: Seven, Mistyc River o Zodiac. Pero sin duda, esta película, que nos habla de la investigación policial sobre la desaparición de dos niñas y de hasta dónde es capaz de llegar un padre para recuperar a su hija, tiene un poco de cada una de ellas, y no por ello se limita a los pasajes comunes que enraizan con ellas, sino que abre su propio mundo, tejiendo una trama atractiva que rápidamente penetra con una narración impecable.

rc_p1Prisioneros es un relato firme, cuyas principales bazas son su reparto y el ambiente opresor y enfermizo al que les somete.  Va más allá de la simple historia en la que los padres quedan destrozados tras el presunto secuestro de sus hijas pequeñas, y donde el agente solitario de turno trata de esclarecer su investigación a base de insomnio. La película habla de personas desesperadas y de las medidas que cada uno toma en tal situación, con el tiempo jugando en sus contras y todo cuanto les rodea resulta hostil. Es una temática dificil de abordar que invita al sensacionalismo, pero que es encarada con agallas y no se deja llevar por la desvergüenza en la que caen otras del mismo estilo. La película nos habla de ensuciarse las manos o de esperar a que sean otros los que solucionen el problema; de la pérdida de fe y unidad que tal trauma ocasiona; de cómo las mejores personas pueden convertirse en monstruos por intentar hacer lo correcto. En ningún momento recurre al moralismo panfleatario pese a enfrentarse a la lucha ética de la que cada uno es prisionero.

La dirección de Villeneuve es ajustadísima y se nos revela como un nuevo triunfo del cine moderno, a lo que hay que sumar un diseño de producción dedicado y notable. La tensión está milimetrada y mantiene un pulso con el espectador, al que logra retener en la butaca durante sus más de dos horas de metraje gracias a las magníficas interpretaciones de Hugh Jackman y, sobre todo, un sorprendente Jake Gyllenhall, sin despreciar el sufrido papel de Paul Dano, y a unos pasajes hipnóticos y turbios que se quedan clavados en la retina. Los giros de guión, pese a ser varios, no resultan abusivos sino inteligentes y eficaces. No se va por los derroteros del melodramatismo familiar o del cine policiaco más psicológico, y consigue momentos de brutalidad y energía que remueven entre las entrañas del espectador y le obliga a enfrentarse cara a cara a sus principios más básicos de humanidad.

Estamos ante un notable ejercicio de intriga, de indudable calidad cinematográficaPrisioneros-Dano-Gyllenhaal que se atreve a cuestionarnos acerca de nuestra moralidad, de qué haríamos nosotros, sin necesidad de acusarnos de agentes pasivos o activos, y que se desmarca en cuanto a calidad del resto de películas de cine negro recientes. Es una apuesta por la verosimilitud y por el regate a lo tópico.

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