DJANGO DESENCADENADO, los negros no son gente de color.

Parecía obvio que Quentin Tarantino y el western estaban predestinados a encontrarse. Toda una carrera del cineasta con alusiones a Sergio Leone, decorada con fondos musicales de Ennio Morricone y con pasajes violentos propios de duelos cara a cara entre cowboys y forajidos tenían que acabar, de un modo u otro, en el lejano oeste. Y así, toda su evolución desde su primeriza Reservoir Dogs llega a su vértice con esta epopeya sorprendente, estimulante, delirante y deliciosa, logrando su mayor logro en cuanto a balancear tanto su labor detrás de las cámaras como en la ejecución de un guión que bien merece ese Oscar que ganó.Django_desencadenado-846148945-large

Como buen devorador de cine, Tarantino sabe de sobra el camino a recorrer dentro de un western, género que parece resurgir de sus cenizas en esta segunda década del siglo XXI, que debe ser domado con potencia y carácter, y al que añade su natural toque malsano y canalla, sin ningún tipo de vergüenza y con todos los excesos que le caraterizan. El conjunto, dividido en una primera mitad de aventura y una segunda mitad que abarca uno de los embites interpretativos más serios y grandilocuentes que se recuerdan últimamente, resulta ser muy divertido, grosero, audaz y controvertido. Ya de paso, logra colocarse un paso por delante de otras películas del mismo año con temática similar, la liberación de los esclavos negros: mientras el “Lincoln” de Spielberg acudía con carácter mesiánico al rescate de los negros, en Django son ellos solitos los que se las apañan para dar la patada en el culo a los tiranos de turno.

Dentro del acertadísimo elenco de actores que conforman el reparto, hay que destacar las labores tanto de Christoph Waltz, consumada con el Oscar, y de Leonardo DiCaprio, que no se queda atrás en su labor de villano. Ambos no solo parecen disfrutar como niños con sus roles, sino que además aportan un magnetismo a cada escena en la que aparecen del que pocos espectadores saldrán ilesos, y de paso reinventan estereotipos.

Como viene siendo habitual en Tarantino, las constantes referencias a sus inspiraciones se dejan notar. En Django está no solo Leone; están Peckinpah, Eastwood, Elmore Leonard, el más conservador John Ford, incluso se atreve a invitar a su función claves más propias del cine de samuráis. Pero en esta ocasión todo ello es mucho más que puro homenaje. No se deja nada en la recámara, y como si se destripase a sí mismo, renuncia a su conocidísima división del metraje desordenado. Estamos ante el Tarantino más puro y consciente de sí mismo, de lo que quiere contar y de cómo lo quiere contar de toda su carrera.

Django_desencadenado-730938788-largeTécnicamente es irreprochable. La fotografía capta la esencia de naturaleza enfrentada a la civilización propia del género, los primeros planos y planos de detalle son introducidos como si fuesen piezas clave de un reloj suizo, vuelve a superarse en cuanto al manejo de la tensión narrativa y hace hincapié en el apartado sonoro. No se queda corto con su habitual humor macabro, con escenas como la del Ku Klux Klan de mercadillo. El balance entre la incomodidad y la distensión que nos ofrece es inmejorable.

En Django Unchained no solo hay talento natural o ganas de provocar ampollas. Hay garra y pasión, hay una fuerte intencionalidad y apego por lo que se está contando, hay nostalgia, sobre todo hay puro y clásico western resucitado más que reinventado. Y hay desprecio total hacia un personaje fabricado con las entrañas, que representa a toda una serie de parásitos, que no es otro que el interpretado sofisticadamente por Samuel L. Jackson, un traidor a su propio pueblo, un perro que por tener su palmadita en la espalda diaria cerrará los ojos ante la situación de su propia casta. En este aspecto, Tarantino ya no solo pretende implicar al espectador, sino que además señala y denuncia. Estamos ante un Tarantino con marcado tono socialista, lo que confiere a esta última película un espíritu sociopolítico que hasta ahora parecía inverosimil dentro de su filmografía. Como siempre, sorprendente.

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2 pensamientos en “DJANGO DESENCADENADO, los negros no son gente de color.

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